lunes, junio 12, 2006

Hotel Ruanda. Las trazas del colonialismo

Llevaba tiempo posponiendo el momento de ver esta película que trata sobre la guerra entre hutus y tutsis en Ruanda,porque sabía que iba a sufrir mucho viéndola, rememorando una guerra genocida, una guerra a base de machetazos, llena de violaciones, de sufrimiento...

Pero tenía que verla porque sabía que es muy buena. Narra las peripecias que un agente de un hotel de lujo tiene que llevar a cabo para lograr salvar a los 800 Hutus y Tutsis que han acudido a este lugar en busca de refugio.

La propia película nos pone en antecedentes sobre las enemistades entre estas dos secciones: cuando Ruanda era una colonia Belga, éstos decidieron que los Tutsis fuesen las élites dirigentes.

Un paréntesis explicativo: Para quién no lo sepa, esta forma de gobierno es conocida como 'indirect ruling', fue muy empleada en África, sobre todo por los ingleses. Consiste en tratar de organizar un gobierno a partir de los propios nativos, de modo que las élites suyas sean quienes gobiernen según las instrucciones de la metrópoli, pero aplicando los cauces tradicionales, rituales, si lo preferís. En realidad esto es una perversión de los sistemas que existían en África que los antropólogos dieron por llamar "sociedades acéfalas o igualitarias" porque no existía gobierno centralizado en muchas de ellas.

Pero las colonias subvencionaron investigaciones que pusieron de manifiesto cómo se mantenía el orden en ellas a pesar de que no existiesen instituciones políticas puras y así descubrieron que se lorgaba a partir de -por así llamarlo- 'instituciones mixtas', es decir, instituciones que ordenaban la sociedad sin ser puramente políticas, como la familia o la religión.

Aprovecharon estas jerarquías y las exacerbaron hasta el punto de que quienes eran elegidos para gobernar tenían más poder del que habían tenido nunca tradicionalmente.

Supongo que algo así sucedió en este caso, los belgas decidieron que los Tutsis, una minoría en Ruanda, gobernasen a todos. Pero al independizarse el país, cedieron el gobierno a los hutus, que decidieron vengarse por la represión sufrida. Siendo los otros unas minoría, trataron de exterminarlos.

Y de aquí parte la película, que contiene un mensaje al que no sé hasta punto quien la vea prestará atención. Muchos de los que acuden a este hotel es gente adinerada. Gente con contactos en el extranjero. Son estos contactos, la poca presión internacional que logran reunir, lo que contribuye a salvar sus vidas.

A esto se suma que mientras las milicias Hutus se dedicaban a exterminar a todas las "cucarachas" con las que se topaban, los rebeldes Utsis estaban tratando de reconquistar el país.

La película, dentro de la crudeza, muestra la cara "feliz" de los que consiguieron salvarse, que en su peregrinar se topan con muchos que no lo consiguieron. Esto da lugar a la reflexión, sólo la presión internacional permitió salvarles. Por otra parte, la presión internacional permitió salvarles.

Pero poco presionamos por mucho que sepamos lo que ocurre fuera de nuestras queridas fronteras protegidas por la ley de extranjería. ¿A qué obedece nuestro estatismo? Personalmente creo que se debe a que actuar correctamente requiere un enorme esfuerzo. Pasa por comprar en tiendas de comercio justo, por saber qué estamos realmente haciendo cuando creemos que hacemos algo sin repercusiones.

Hay millones de pequeñas acciones que realizamos a lo largo del día que tienen consecuencias internacionales. Pequeños ejemplos: tomarse un café -hay países cuyos habitantes no tienen comida porque resulta más rentable para los terratenientes dedicar sus plantaciones al café para el mercado internacional-, llamar por el móvil -para construir ciertos componentes del mismo es necesario un mineral muy escaso, que de momento se extrae de ciertas minas de África (dadme unos días para encontrar el artículo de El País que trataba sobre esto y lo colgaré), y cuya extracción está ocasionando guerras civiles y la explotación de menores que lo estraen de vetas por las que no caben los adultos-.

A este vivir en la ignorancia, Hanna Arendt le dio un nombre: "la banalidad del mal", tema sobre el que Gunter Anders ha profundizado. La tesis es la siguiente: nadie es malo porque sí. Muy pocas personas matarían a un niño ellos mismos, y sin embargo, al vivir en la ignorancia de las repercusiones de nuestras acciones, estamos permitiendo que muchas personas mueran a lo largo del globo terráqueo.

Algún día espero hablaros de "Eichmann en Jerusalén. Un ensayo sobre la banalidad del mal", de Hanna Arendt. Hasta entonces simplemente os aconsejo que veais la peli y que se anime a leer el libro cualquiera interesado en conocer un enfoque enriquecedor sobre el exterminio de los judíos durante la segunda guerra mundial.

1 Comments:

Anonymous Anónimo said...

Muy buena reflexión ;)

9:55 p. m.  

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